julio 31, 2011 Article and Chapters / Español
La miseria religiosa es, por una parte, la expression de la miseria real y, por otra, la protesta contra la miseria real. La religion es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de alma de un mundo desalmado, porque es el espíritu de los estados de alma carentes de espíritu. La religion es el opio del pueblo. (Karl Marx, En torno a la Critica de la Filosofía del Derecho de Hegel)
Muchas veces es la última oración del pasaje famoso de Marx que monopoliza la atención, pero tal vez deberíamos enfocarnos más bien en lo que la precede. ¿Qué hacemos con el suspiro de la criatura agobiada? ¿No le hacemos caso? ¿Lo condenamos como algo reaccionario? ¿O lo respetamos como un suspiro en contra de la opresión? Respetar, no en el sentido de no cuestionarlo, sino en el sentido de intentar entenderlo y así ir más allá. El suspiro de los oprimidos, por confuso y contradictorio que sea, es inevitablemente el punto de partida de la lucha, la base de la esperanza por un mundo mejor.
La relación entre lucha y religión es una relación que se mueve en ambas direcciones, pro supuesto. La religión se filtra en la lucha por el cambo radical, le proporciona muchas veces su color y su imaginario. Y al revés: la lucha por el cambio revolucionario se mete dentro de la religión, llega al núcleo de los debates teológicos, penetra las luchas dentro de la iglesia (o las iglesias). ¿A dónde nos lleva el suspiro de la criatura agobiada o oprimida? ¿Hacia la felicidad o realización después de la muerte, o hacia la transformación del mundo y la superación de las relaciones de opresión? ¿Nos hace soñar en Dios-en-el-cielo o nos hace ver que nosotros somos los únicos dioses? Esta no es simplemente una tensión externa entre la religión por un lado y la revolución por el otro: también existe como tensión interna a la religión y a la revolución, una tensión que toca el significado mismo de dios, el significado mismo de revolución. ¿Pensamos en dios como un ser externo o lo vemos simplemente como la conceptualización de nuestra propia humanidad potencial? ¿Pensamos en la revolución como algo que nos daría un líder (o un partido) nuevo, o la vemos como la realización de nuestra auto-determinación colectiva? La realización de dios es la abolición de dios. El suspiro de los oprimidos apunta hacia su propia superación.
En ningún lugar están estas cuestiones más presentes que en el levantamiento zapatista en Chiapas. Es el gran mérito del libro de Fernando Matamoros que nos centra la atención en este aspecto descuidado del levantamiento zapatista: en la relación compleja entre la iglesia católica, la teología de la liberación y el movimiento zapatista. Sigue la relación contradictoria entre la iglesia y la resistencia indígena desde los tiempos de la conquista española, mostrando que la iglesia no ha sido simplemente un instrumento de dominación, que también la lucha contra la opresión siempre ha estado en el centro de los debates teológicos, y la religión siempre ha sido parte de la lucha en contra de la opresión. Este entretejer de religión y lucha ha sido sin duda alguna un elemento de la resonancia profunda de la lucha zapatista, no solamente en Chiapas sino también mucho más allá. El libro de Fernando nos hace el gran servicio de introducirnos a este mundo de caminos complejos que se entrecruzan.
Para mí es un placer escribir esta nota breve, no solamente por el tema y la calidad del libro, sino también porque estoy muy contento que Fernando se ha asociado con nosotros en el seminario sobre Subjetividad y Teoría Crítica del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: su presencia extiende y profundiza nuestras discusiones que regresan constantemente – e inevitablemente – al levantamiento Zapatista y su significado: a la búsqueda, en otras palabras, de un camino hacia adelante, un preguntar por los caminos de la dignidad.
John Holloway
Puebla, enero de 2005
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