Clase y clasificación*

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John Holloway.1

Este trabajo indaga una cuestión simple: si el fetichismo es entendido como un proceso de fetichización, ¿cuáles son las consecuencias sobre el concepto de clase?

I

La distinción entre fetichismo y fetichización es crucial para una discusión de la teoría marxista. La diferencia se presenta entre una visión del mundo en términos de dominación y otra en términos de lucha.

La discusión de Marx sobre fetichismo/ fetichización constituye el centro de toda su teoría. Es a la vez una crítica de lo que está mal en el capitalismo, una crítica al pensamiento burgués y una teoría de la manera en que se reproduce a sí mismo el capitalismo. Sin embargo; existe una ambigüedad en su exposición de este punto. Cuando dice que a los productores

“las relaciones sociales entre sus trabajos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir, no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas mismas, en sus trabajos, sino por el contrario como relaciones propias de cosas entre las personas y relaciones sociales entre las cosas” (El Capital, I, 73; I, 89),

parece que Marx está describiendo las relaciones sociales en la sociedad capitalista tal como ellas son realmente.2 Parece, en otras palabras, que Marx está describiendo el fetichismo de las relaciones sociales como un hecho establecido, como algo que es.

Esta concepción del fetichismo ha tenido importantes consecuencias en la tradición marxista, aún cuando el tema del fetichismo no ha sido, en general, explícitamente tratado. Si las relaciones sociales son tomadas como si estuvieran efectivamente fetichizadas o reificadas, entonces se establece inmediatamente una distinción entre un “ellos” y un “nosotros”. “Ellos”, los productores, los trabajadores relacionados entre ellos a través de cosas; “nosotros”, los teóricos, los críticos, quizás el Partido, somos capaces de penetrar las apariencias fetichizadas y de entender aquellas relaciones reificadas como la forma específicamente histórica o como el modo de existencia de las relaciones entre la gente. Si consideramos que las relaciones sociales están realmente fetichizadas en este sentido (si el fetichismo es visto como un hecho establecido ), entonces la teoría y la práctica marxista se tornan elitistas: nosotros, los iluminados, pensamos y actuamos como en nombre de los no iluminados. La idea de la revolución como la autoemancipación de los trabajadores deviene entonces un sinsentido, como señaló Lenin.

La comprensión del fetichismo como un hecho consumado nos deja con un enorme problema teórico que es rara vez señalado: ¿quiénes somos nosotros? ¿Quiénes somos nosotros (Marx, Lenin, el Partido, los teóricos) que criticamos? ¿Quiénes somos nosotros que podemos ir mas allá del fetichismo de las relaciones sociales?

El mismo punto puede ser analizado de diferentes maneras. Si el fetichismo es un hecho establecido, entonces la dominación y la lucha están separadas. La manera en qué las cosas son es el sistema de la dominación capitalista: la pregunta acerca de cómo nosotros luchamos para romper la dominación es, por lo tanto, una pregunta distinta. En esta perspectiva, la teoría marxista es el intento de entender la dominación capitalista (de ahí la “economía marxista”, la “sociología marxista”, etcétera).

Nuevamente: si el fetichismo es un hecho establecido, entonces la constitución y la existencia de las formas sociales están separadas. Se asume que las formas fetichizadas del capitalismo fueron constituidas en el nacimiento del capitalismo y que las mismas ahora existen (y continuarán existiendo hasta que el capitalismo sea destruido). El criticismo genético se confunde con el criticismo histórico: el origen de las formas sociales es entendido como su emergencia histórica (como en la mayor parte del debate de la derivación del Estado). En consecuencia, las categorías del marxismo son entendidas como categorías cerradas, categorías que describen el funcionamiento históricamente establecido de un modo de dominación.

En oposición a esto, se puede argumentar que el fetichismo debe ser entendido no como un hecho establecido sino como un proceso activo de fetichización. Las relaciones sociales realmente están y no están fetichizadas. Las relaciones sociales son contradictorias: su producción y reproducción es un proceso antagónico en el cual la fetichización de las relaciones sociales se opone siempre a tendencias antifetichizantes. La reproducción del capitalismo es un proceso constante de fetichización de relaciones sociales frente a los intentos de establecer relaciones sociales sobre bases no-fetichizadas o anti-fetichistas. La dominación capitalista es la lucha por fetichizar; por lo tanto fetichización y lucha no pueden ser separadas. En nuestra teoría-práctica no nos podemos situar fuera de esta ruptura entre “son realmente” y “no son realmente”, entre fetichización y anti-fetichización: inevitablemente tomamos parte en esto, y de ambos lados. Como teóricos marxistas, no ocupamos una posición privilegiada respecto del resto, sino que tenemos un modo peculiar de articular nuestra participación en el conflicto del que todos participamos. No se pueden hacer distinciones entre la constitución histórica y la existencia presente de las formas sociales: la existencia presente de las formas sociales es su siempre renovada constitución. Las categorías marxistas son esencialmente abiertas en tanto que entienden las formas en las cuales las relaciones sociales se presentan como contradictorias, abiertas, siempre en cuestión. Final y fundamentalmente, el único camino en que la revolución como autoemancipación puede ser considerada es entendiendo el fetichismo como fetichización.

II

Todo lo anterior constituye mi punto de partida. La cuestión a considerar aquí es qué consecuencias tiene esta concepción de la fetichización como proceso para nuestra concepción de clase.

La mayoría de las polémicas sobre el concepto de clase están basadas en el presupuesto de que las formas fetichizadas están pre-constituidas. La relación entre capital y trabajo (o entre capitalistas y clase trabajadora) se toma como si fuera una relación de subordinación. Sobre esta base, comprender la lucha de clases implica, en primer termino, definir a la clase trabajadora y, en segundo lugar, estudiar si lucha y cómo lucha.

En este enfoque la clase obrera, sin importar como sea definida, es definida sobre la base de su subordinación al capital: es porque está subordinada al capital (como trabajadores asalariados o como productores de plusvalía) que es definida como clase trabajadora. Ciertamente es sólo porque la clase trabajadora es asumida como si fuera pre-subordinada que la cuestión de la definición puede ser planteada. La definición meramente cierra aún más un mundo que se supone cerrado. Una vez definida, la clase trabajadora puede ser identificada entonces como un grupo particular de personas, que puede tomarse entonces como objeto de estudio. Para los socialistas, la “clase trabajadora” es así tratada como un concepto positivo y su identidad como algo que debe ser apreciado. Existe, por supuesto, el problema de qué hacer con aquellas personas que no caen dentro de las definiciones de clase obrera o clase capitalista, pero esto se resuelve a través de una discusión suplementaria de definiciones sobre cómodefinir a estas personas, si como nueva pequeña burguesía, asalariada, clase media o como sea. Este proceso de definición o clasificación es el origen de discusiones interminables acerca de movimientos de clase y de no-clase, de luchas de clase y de “otras formas”, de alianzas entre la clase trabajadora y otros grupos, etcétera.

Todo tipo de problemas surgen de esta aproximación a la clase mediante la definición. En primer lugar hay una cuestión de “pertenencia”. ¿”Pertenecemos” a la clase trabajadora los que trabajamos en las universidades?, ¿y Marx y Lenin? ¿Son los rebeldes de Chiapas parte de la clase trabajadora? ¿Son las feministas parte de la clase trabajadora? ¿Son losactivistas del movimiento gay parte de la clase trabajadora? En cada caso, existe un concepto de una clase trabajadora pre-definida al que esta gente pertenece o no

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Una segunda consecuencia que se sigue de definir la clase es la definición de las luchas. De la clasificación de las personas en cuestión se derivan ciertas conclusiones sobre las luchas en las que se encuentran involucradas. Aquellos que definen a los rebeldes zapatistas como ajenos a la clase trabajadora extraen de esto ciertas conclusiones sobre la naturaleza y las limitaciones de la rebelión. De la definición de la posición de clase de los participantes se sigue la definición de sus luchas: la definición de clase define el antagonismo que el que define percibe o acepta como válido. Esto lleva a una percepción estrecha de los antagonismos sociales. En algunos casos, por ejemplo, la definición de la clase trabajadora como proletariado urbano explotado en las fábricas, combinado con la evidencia de la proporción decreciente de la población que entra en esta definición, ha llevado a la gente a la conclusión de que la lucha de clases ya no es relevante para entender el cambio social. En otros casos, la definición de clase trabajadora y en consecuencia de la lucha de la clase trabajadora ha llevado, de cierto modo, a una incapacidad para referirse al desarrollo de nuevas formas de lucha (el movimiento estudiantil, el feminismo, el ecologismo, etcétera).

Al definir la clase trabajadora se los constituye en un “ellos”. Aun si decimos que formamos parte de la clase trabajadora, lo hacemos observándonos en perspectiva y clasificándonos a nosotros mismos o al grupo al que “pertenecemos” (estudiantes, profesores universitarios, etcétera). Sobre la base de esta definición es posible plantear la pregunta acerca de su conciencia de clase y analizarla ¿Qué conciencia tienen de su posición de clase y de sus intereses de clase? ¿Es esta conciencia lo que debería ser? ¿Es una verdadera conciencia o una conciencia falsa o limitada (tradeunionista)? Si, como usualmente se argumenta, es una falsa o una limitada conciencia, entonces la conclusión es usualmente que la transformación revolucionaria de la sociedad es imposible o que debe ser llevada a cabo desde afuera, por un Partido o por los intelectuales.

Si, por otra parte, no comenzamos presuponiendo el carácter fetichizado de las relaciones sociales, si asumimos que la fetichización es un proceso y que la existencia es inseparable de la constitución, ¿cómo cambia esto nuestra de visión de la clase?

El capitalismo es la generación siempre renovada de la clase, la siempre renovada clasificación de las personas. Marx clarifica este punto en el análisis que realiza de la acumulación en el El Capital: “El proceso capitalista de producción, considerado en su interdependencia o como proceso de reproducción, pues, no sólo produce mercancías, no sólo produce plusvalor, sino que produce y reproduce la relación capitalista misma: por un lado el capitalista, por el otro el asalariado” (El Capital, I, pág. 578; I, pág. 712). En otras palabras, la existencia de las clases y su constitución no pueden estar separadas: decir que existen clases es decir que se encuentran en proceso de estar siendo constituidas.

La constitución de clase puede ser vista como la separación entre el sujeto y el objeto. El capitalismo es la diaria repetición de una separación violenta del objeto respecto del sujeto, el diario arrebato del objeto-creación-producto al sujeto-creador-productor, la diaria confiscación respecto del sujeto no solo de su creación, sino también de su acto de creación, de su creatividad, de su subjetividad, de su humanidad. La violencia de esta separación no es característica exclusiva del primer periodo del capitalismo: es el corazón mismo del capitalismo. Para decirlo de otra manera: la “acumulación primitiva” no es solamente una característica de un periodo anterior, sino que es central para la existencia del capitalismo.

La violencia con que se produce la separación de sujeto y objeto, o la clasificación de la humanidad, sugiere que “reproducción” es una palabra equívoca en la medida en que sugiere la imagen de un proceso que se repite sutilmente, algo que se repite y se repite, mientras que la violencia del capitalismo sugiere que la repetición de la producción de relaciones sociales capitalistas está siempre en cuestión.

III

La concepción de la clase como una clasificación tiene consecuencias para todos los aspectos de la discusión de la clase.

(1) La lucha de clases es la lucha por clasificar y contra ser clasificado al mismo tiempo que, inseparablemente, la lucha entre clases constituidas.

La mayor parte de las opiniones ortodoxas sobre la lucha de clases tienden a suponer que las clases están pre-constituidas y que la subordinación del trabajo al capital está preestablecida y tienden a partir de ahí. Desde la perspectiva sugerida aquí el conflicto no tiene lugar después de que la subordinación ha sido establecida, después de que las formas fetichizadas de las relaciones sociales han sido constituidas: más bien es un conflicto sobre la subordinación de la práctica social, sobre la fetichización de las relaciones sociales. El conflicto es un conflicto entre la subordinación y la insubordinación y esto es lo que nos permite hablar de la insubordinación (o la dignidad, para tomar prestada la frase zapatista) como una característica central del capitalismo. La lucha de clases no tiene lugar dentro las formas constituidas en las relaciones sociales capitalistas; por el contrario, la constitución de aquellas formas es en sí misma lucha de clases. Esto nos lleva a un concepto mucho más rico de la lucha de clases en el que la totalidad de las prácticas sociales está en juego. Toda práctica social es un incesante antagonismo entre la sujeción de la práctica a las formas fetichizadas, pervertidas, definidoras del capitalismo, y el intento de vivir contra-y-mas-allá de estas formas. No se puede hablar entonces dela existencia de formas de lucha no clasistas. La lucha de clases es un incesante y diario antagonismo (sea percibido o no) entre alienación y des-alienación, entre definición y anti-definición, entre fetichización y des-fetichización.

Nosotros no luchamos como clase trabajadora, luchamos en contra de ser clase trabajadora, en contra de ser clasificados. Es la unidad del proceso de clasificación (la unidad de la acumulación del capital) lo que otorga unidad a nuestras luchas, no nuestra unidad como miembros de una clase común. En este sentido, por ejemplo, es el significado de la lucha zapatista contra la clasificación capitalista lo que le da su importancia para la lucha de clases, y no la cuestión de si la población indígena de la selva Lacandona son o no son miembros de (o pertenecen a) la clase trabajadora. No hay nada positivo en ser miembros de la clase trabajadora, en ser ordenados, comandados, separados de nuestro producto y de nuestro proceso de producción. La lucha no emerge del hecho de que nosotros somos clase trabajadora, sino del hecho de que somos-y-no-somos clase trabajadora, de que existimos contra-y-más-allá de ser clase trabajadora, de que ellos tratan de ordenarnosy comandarnospero nosotros no queremos ser ordenados y comandados, de que ellos tratan de separarnos de nuestro producto y de nuestra producción y de nuestra humanidad y de nosotros mismos y nosotros no queremos ser separados de todo eso.

(2) Somos/no somos clase trabajadora. Decir que la clase debe ser entendida como clasificación significa que la lucha de clases (la lucha por clasificarnos y nuestra lucha en contra de ser clasificados) es algo que nos atraviesa individual y colectivamente. Sólo si fuéramos completamente clasificados podríamos decir sin contradicción que “somos clase trabajadora” (pero de este modo la lucha de clases sería imposible).

Tomamos parte en la lucha de clases de ambos lados. Nos clasificamos a nosotros mismos en tanto que producimos capital, en tanto que respetamos el dinero, en tanto que participamos, a través de nuestra práctica, nuestra teoría, nuestro lenguaje (nuestra definición de la clase trabajadora, por ejemplo), en la separación de sujeto y objeto. Luchamos simultáneamente contra nuestra clasificación en tanto somos humanos. Existimos contra-en-y-más allá del capital. La humanidad es esquizoide, volcánica: todo el mundo queda desgarradopor el antagonismo de clases.

¿Esto significa que la distinción de clases puede ser reducida a una afirmación general acerca del carácter esquizoide de la humanidad? No, porque existen claras diferencias en el modo en que el antagonismo de clases nos atraviesa, diferencias en el grado en que nos es posible reprimir ese antagonismo. Para aquellos que se benefician materialmente a partir del proceso de clasificación (acumulación), es relativamente fácil reprimir cualquier cosa que apunte contra o más allá de la clasificación, vivir dentro de los límites del fetichismo. Es en aquellos cuyas sus vidas fueron trastornadas por la acumulación {los indígenas de Chiapas, los profesores universitarios, los mineros, prácticamente todos) en quienes el elemento de la resistencia va a estar mucho más presente. Es cierto, sin embargo, que nadie existe estando puramente en contra o en contra-y-más-allá: todos participamos en la separación de sujeto y objeto, en la clasificación de los seres humanos. Nociones como las de composición de clase, descomposición y recomposición, deberían ser entendidas, por esta razón, no como la posición cambiante de diferentes grupos sino como la cambiante configuración del antagonismo que nos atraviesa a todos nosotros, el antagonismo entre fetichización y antifetichización, entre clasificación y anti-clasificación.

(3) ¿Es el trabajo centralpara la clasificación? Si y no.

(Trabajo es un término ambiguo. Puede ser entendido tanto como trabajo (labour, trabajo alienado) o, de un modo más amplio, como actividad intencional y creativa. Para evitar esta ambigüedad, nosotros nos referiremos al trabajo (labour) y la creatividad antes que al “trabajo” (“work”).3)

El trabajo es la producción de capital y la producción de capital es la producción de clases, la clasificación. La producción de capital es al mismo tiempo producción de plusvalor, explotación. Si no hubiera explotación, no habría producción de clase.

Sin embargo, la afirmación “el trabajo es la producción de capital” es tautológica y también equívoca en el sentido de que presupone la pre-constitución del trabajo, la abstracción previa de la creatividad humana. El argumento hasta ahora sugiere que no podemos entender al capitalismo simplemente en términos de conflicto entre trabajo y capital porque hacer esto es comenzar desde categorías pre-constituidas, desde una presupuesta existencia-en-abstracción-de-su-constitución. La explotación no es solo la explotación del trabajo sino la simultánea transformación de la creatividad humana en trabajo, la simultánea de-subjetivación del sujeto, la deshumanización de la humanidad. Esto no significa que la creatividad, el sujeto, la humanidad existan en alguna esfera pura esperando ser metamorfoseadas en sus formas capitalistas. La forma capitalista (trabajo) es el modo de existencia de la creatividad/subjetividad/humanidad, pero este modo de existencia es contradictorio. Decir que la creatividad existe como trabajo significa que existe también como anti-trabajo. Decir que la humanidad existe como subordinación es decir que existe también como insubordinación. La producción de la clase es la supresión (-y-reproducción) de la insubordinación. La explotación es la supresión (-y-reproducción) de la creatividad insubordinada. La supresión de la creatividad no solo tiene lugar en el proceso de producción, como usualmente se entiende, sino en todo el proceso de separar asujeto y objeto que constituye la sociedad capitalista.

En síntesis, el trabajo produce a la clase, pero el trabajo presupone una clasificación previa. Del mismo modo, la producción es la esfera de constitución de la clase, pero la existencia de una esfera de producción, esto es la separación de la producción respecto de la creatividad humana en general, también presupone una clasificación previa.

La respuesta, entonces, a nuestra pregunta sobre la centralidad del trabajo (work) es seguramente que no es el trabajo (labour) lo que es central, sino la creatividad, la cual existe dentro-contra-y-más-allá del trabajo. Comenzar desde el trabajo es encerrarse a si mismo desde el principio en un mundo fetichizado, tal que cualquier proyección de un mundo alternativo aparece , como pura fantasía, como algo traído desde fuera.

IV

Por debajo de esta discusión sobre la clase yace un intento de entender el desarrollo actual del capitalismo. El capitalismo está en crisis abierta en la mayor parte del mundo y en una situación de fragilidad en el resto, una situación en la que el desborde de las crisis está aplazado por la siempre creciente expansión del crédito. La crisis de la dominación de clase, sin embargo, no se corresponde de ninguna manera obvia con un augeen la fuerza de la clase trabajadora. Este es un punto central para la teoría anticapitalista: si el mundo es un mundo de la lucha de clases, ¿cómo es que, mientras un lado ( el trabajo) está debilitado, el otro (el capital) está sin embargo en crisis? Si esta pregunta no puede ser contestada, el estructuralismo es inevitable. La discusión aquí sugiere quela debilidad del capital no es el resultado del fortalecimiento de la fuerza del trabajo (como clase constituida, como movimiento), sino del fortalecimiento de la anti-clasificasión, de la no-identidad.

La acumulación capitalista es voraz. Requiere una subordinación cada vez más completa de la humanidad, una clasificación cada vez más profunda de la existencia. Este es seguramente el significado de la discusión de Marx de la tendencia declinante de la tasa de ganancia: si la explotación y la deshumanización que ésta implica no es intensificada, hay crisis. La crisis no es, entonces, el resultado del fortalecimiento de la clase trabajadora o del movimiento obrero, necesariamente, sino de la fuerza de la resistencia general al impulso del capital hacia una subordinación cada vez más profunda de la humanidad (de la dignidad, como dicen los zapatistas).

Aquello que existe en nosotros contra-y-más-allá del capital no es nuestra existencia como clase trabajadora, sino nuestra lucha en contra de ser clase trabajadora. Nosotros somos la fuerza de la no-identidad. Aquello es lo que necesitamos explorar y articular.

* Publicado en la revista Cuadernos del Sur Nº 29, noviembre de 1999. Traducción: César Solís (UNR); revisión: Alberto Bonnet.

1 En la preparación de este trabajo tuve en consideración otros dos: Richard Gunn: “Notes on Class”; en Common Sense 2 (1987) y Werner Bonefeld: “Capital, Labour y Primitive Acumulation: Notes on Class and Constitutuion” (inédito). Ninguno de estos dos autores son de ninguna manera responsables por lo que aquí se sostiene.

2 Esta cita y la siguiente corresponden a la edición en castellano El Capital de Siglo XXI (México, 1975); la ubicación las mismas se agrega a continuación de la referencia del autor a la edición inglesa (NdT).

3 A partir de aquí, salvo aclaración, el término “trabajo” corresponde al inglés “labour”, empleado en este sentido más amplio definido por el autor (NdT).

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