¡Viva la Línea Correcta!

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John Holloway

Cerca de mi casa (en la esquina de la 8 Sur y 7 Oriente de la Libertad, para ser exacto) hay una pinta en la barda que dice “¡Viva la Línea correcta!” La pinta se ha vuelto una obsesión para mí. ¿Qué puede significar?

¿Es la obra de algún leninista anticuado convencido que él (más probablemente él que ella) sabe cuál es la línea correcta? ¿O de un investigador de la BUAP vuelto loco en su búsqueda incansable de la verdad? ¿Es una ironía posmodernista? ¿Un comentario sutil sobre la verdad filosófica? ¿Existe una organización llamada “La Línea Correcta”? ¿Una organización que declara explícitamente lo que muchas organizaciones marxistas asumen simplemente – que ellos tienen la línea correcta? ¿O es nada más una broma sofisticada?

I

El problema de la línea correcta está profunda y funestamente incrustado en la tradición marxista. Es inseparable de la noción engelsiana de que el marxismo es científico. Para Engels, como explicó en su “Socialismo, Utópico y Científico” que tanta influencia tuvo en la formación del “marxismo”, el socialismo científico significa que el marxismo ha entendido correctamente las leyes del movimiento de la historia. La idea del marxismo como socialismo científico tiene dos aspectos. El marxismo es el conocimiento objetivo, seguro y científico de un proceso objetivo e inevitable. El marxismo ha entendido correctamente las leyes de un movimiento que está ocurriendo independientemente de la voluntad de los humanos.

Para aquellos que dedican sus vidas a la lucha contra el capitalismo, es obvio el atractivo de concebir al marxismo como una teoría de la revolución científicamente objetiva. Provee no sólo una concepción coherente del movimiento histórico, sino también un enorme apoyo moral: cualesquiera que sean los reveses sufridos, la historia está de nuestro lado. La enorme fuerza de la concepción engelsiana y la importancia de su rol en las luchas del pasado no pueden ser ignoradas. Al mismo tiempo, sin embargo, los dos aspectos del concepto de socialismo científico (conocimiento objetivo, proceso objetivo) plantean enormes problemas para el desarrollo del marxismo como una teoría de la lucha.

La noción de que la sociedad se desarrolla de acuerdo a leyes objetivas, presenta obvios problemas para una teoría de la lucha. Si hay un movimiento objetivo de la historia que es independiente de la voluntad humana, entonces ¿cuál es el rol de la lucha? ¿Están quienes luchan simplemente manifestando un destino humano del que no tienen control? ¿O la lucha es importante simplemente en los intersticios de los movimientos objetivos, completando los espacios vacíos más pequeños o más grandes que el choque entre las fuerzas y las relaciones de producción dejan abiertos? La noción de “leyes objetivas” abre una brecha entre estructura y lucha: sugiere un dualismo entre un movimiento objetivo y estructural de la historia independiente de la voluntad de los humanos, por un lado, y las luchas subjetivas por un mundo mejor, por el otro. El concepto de Engels nos dice que los dos movimientos coinciden, pero no dejan de ser separados. Este dualismo es la fuente de un sin fin de problemas teóricos y políticos en la tradición marxista.

Sin embargo, es sobre todo el otro aspecto de la idea de que el marxismo es científico que nos interesa aquí. Si el marxismo es entendido como conocimiento científico, correcto, objetivo, de la historia, entonces esto plantea la pregunta: ¿quién lo dice así? ¿quién tiene el conocimiento correcto y cómo consiguió ese conocimiento? ¿quién es el sujeto del conocimiento? La concepción del marxismo como “ciencia” implica la distinción entre aquellos que conocen y aquellos que no conocen, la distinción entre aquellos que tienen conciencia verdadera y aquellos que tienen falsa conciencia.

Esta distinción plantea inmediatamente tanto problemas epistemológicos como organizativos. El debate político llega a enfocarse en la cuestión de la “corrección” y la “línea correcta”. ¿Pero cómo sabemos nosotros (y cómo saben ellos) que el conocimiento de “aquellos que saben” es correcto? ¿Cómo puede decirse que los conocedores (el partido, los intelectuales o lo que sea) han trascendido las condiciones de su espacio y tiempo sociales de tal manera que han ganado un conocimiento privilegiado del movimiento histórico? Quizás todavía más importante políticamente: si va a plantearse una distinción entre aquellos que conocen y aquellos que no, y si esta comprensión o conocimiento son considerados importantes en lo que respecta a la guía de la lucha política, entonces ¿cuál ha de ser la relación organizativa entre quienes conocen y los otros (las masas)? ¿Deben aquellos en posesión del conocimiento liderar a las masas (como en el concepto de partido de vanguardia)? ¿Y qué hay que hacer con aquellos que no reconocen el conocimiento de los conocedores? ¿Hay que purgarlos?

El problema con el marxismo científico es que pasa por alto la cuestión del conocedor, del sujeto del conocimiento. Desengancha el conocimiento del conocedor que conoce. Alternativamente – y es la misma cosa – si se habla del conocedor, se le deifica: Marx sabe, el proletariado sabe, (sobre todo) el Partido sabe. Ya sea que se ignora o que se deifica el conocedor, el carácter social del conocimiento se niega. Se fetichiza el conocimiento. Se olvida que conocer es siempre el conocer de alguien en alguna situación social, que el conocer es una relación social. En otras palabras, el punto de partida de la noción tradicional del marxismo científico es la separación de sujeto y objeto. Ya que el capitalismo es la separación cotidianamente repetida de sujeto y objeto, se sigue que el “marxismo científico” se basa en lo que se supone que lucha para destruir.

La comprensión tradicional del marxismo como socialismo científico, entonces, es a la vez autoritaria e imposible de sostener teóricamente.

¿Significa esto que el marxismo no es científico? Para nada. Empecemos otra vez desde el principio.

II

La rabia es el punto de partida del marxismo: el punto de partida y el único punto. Rabia contra la inhumanidad y la opresión del capitalismo. La rabia incluye necesariamente un elemento ec-stático, es decir una proyección de lo que podría ser el mundo, pero el punto de partida es negativo, el rechazo a un mundo no-verdadero, un mundo alienado.

En un mundo que no es verdadero, el conocimiento científico sólo puede ser negativo. El conocimiento es científico solo en la medida en que lucha contra la no-verdad del mundo. La ciencia en un mundo no-verdadero es la crítica.

El mundo es un mundo de relaciones sociales que existe en la forma de su propia negación, como un mundo de relaciones entre cosas. Este es el punto central de la crítica de Marx al capitalismo, el tema central de El Capital. La lucha contra el capitalismo es la lucha para romper la dominación de las cosas, la lucha por la humanidad. La actividad científica es simplemente parte de esta lucha, parte de la lucha contra la dominación de las cosas. En un mundo en el cual las relaciones sociales existen como relaciones entre cosas, el trabajo científico es la lucha para recuperar aquello que está negado por su forma de existencia, es decir las relaciones sociales. Ya que las relaciones sociales son relaciones entre humanos activos, relaciones entre hacedores, podemos decir que el trabajo científico es parte de la lucha para recuperar el hacer social que está negado por la forma en la cual existe.

Esto es lo que Marx entendía por la crítica. La crítica de la religión es la recuperación del hacer social de los humanos que crean un dios que niega el hacer humano que lo creó. “El fundamento de toda crítica irreligiosa es que el hombre hace la religión, y no la religión al hombre.”1 De manera semejante, la crítica de la economía política es la recuperación teórica del hacer social (el trabajo) que crea un mundo de fetiches (el valor, el dinero, el capital) que niegan el hacer humano que los crean.

Esta recuperación teórica es en primer lugar un canto al poder exclusivo de la creación humana. Pero en segundo lugar, es necesariamente también una investigación del por qué la creación humana se niega, del por qué los productos humanos existen en la forma de cosas que niegan el hacer humano que los creó. La combinación de estos dos pasos, ambos parte de la lucha por la emancipación práctica del hacer social humano, es lo que Marx entiende por el método científico. “Es mucho más fácil encontrar, mediante el análisis, el núcleo terrenal de las imágenes nebulosas de la religión que proceder al revés, partiendo de las condiciones de la vida real en cada época para remontarse a sus formas divinizadas. Este último método es el único que puede considerarse como el método materialista, y por tanto científico.”2

El conocimiento científico, por lo tanto, no puede ser un conocimiento directo de la realidad, como supone la noción engelsiana del ‘marxismo científico’. No puede ser un conocimiento directo de la realidad simplemente porque la realidad (el poder del hacer social) está refractado a través de su negación (el poder de las cosas). El concepto realista del conocimiento es simplemente una ficción,3 un fingimiento de que las relaciones sociales no existen en la forma de su negación. El conocimiento sólo puede ser conocimiento crítico, la crítica del mundo de cosas que niega el poder de nuestro hacer social. El conocimiento sólo puede ser parte de la lucha contra el mundo de las cosas, la lucha para la recuperación de nuestro propio poder.

III

¿Y qué de la línea correcta? Si nuestro método es científico ¿significa que esto nos da un conocimiento correcto?

Aún si fuera así, no sabríamos. No existe ningún dios para decirnos si tenemos razón o no, ningún dios-partido que mire desde la perspectiva de la totalidad. Estamos atrapados en un mundo de no-verdades, un mundo en que las relaciones entre personas existen como relaciones entre cosas. Lo único que podemos hacer es criticar, intentar penetrar las formas en las cuales el hacer social realmente existe. Nuestra “corrección”, si esta palabra tiene sentido en este contexto, puede ser solamente una corrección negativa, una negación de la falsedad. Nuestra verdad, si esta palabra tiene sentido en este contexto, puede ser solamente la negación de la no-verdad. Esta negación es la negación de lo que niega nuestro hacer social, y tiene sentido y agarra fuerza solamente como parte de la lucha general para la creación de un mundo basado no en nuestra negación sino en el reconocimiento mutuo de nosotros como hacedores, un mundo basado en la dignidad del hacer humano.

La certeza no está de nuestro lado. La certeza no puede estar de nuestro lado, sólo puede estar en contra de nosotros. La certeza implica la muerte, el mundo de relaciones entre cosas. Es solamente en un mundo de cosas que puede haber certeza, y entonces, por supuesto, es una certeza totalmente falsa porque está construida sobre la negación del hacer social que crea estas cosas. En un mundo del hacer, el mundo que luchamos por emancipar del fetichismo que niega su existencia, no puede haber certeza.

¿Significa esto que todo es relativo, que no hay nada firme para agarrarnos? No. Lo que conocemos con seguridad es nuestra rabia, nuestro NO al mundo de opresión que existe, nuestra negativa a aceptar el capitalismo. La negatividad es nuestro fundamento. Y esta negatividad incluye, inevitablemente, una proyección más allá, una proyección más allá que es nada más y nada menos que nuestros sueños socialmente moldeados por nuestra negación del hoy, nada más y nada menos que la siempre cambiando estrella utópica que seguimos.

1 C. Marx, “Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”, en Carlos Marx, Escritos de Juventud, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1982, p. 491.

2 C. Marx, El Capital, Tomo I, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1987, p. 303.

3 Sobre el carácter ficticio del realismo, vease el artículo de José Manuel Martinez en este número de la revista.

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